viernes, 14 de octubre de 2011

Relato de insomnio (Fantasía)

Yazco boca abajo, desnuda, en el suelo del salón, junto a los pies de mi Amo. El suelo está helado y ligeros escalofríos me recorren intermitentemente la espalda. Cierro los ojos y me hago cargo de la auténtica dimensión del paraíso en la contemplación eterna del divino, el éxtasis místico del alma que describen los creyentes. Pienso en lo hermosa que ha sido mi tarde, y lo tranquila que me siento bajo la protección y dominio de mi Sir.


Sir Ro llegó puntual del trabajo. Lo esperé media hora antes junto a la puerta, como es costumbre, embargada en los sentimientos intensos y contradictorios que me provoca siempre esta espera. Por un lado, la alegría del encuentro inminente, por otro, pinceladas de angustia al pensar que pueda no producirse, que no haya deseado venir a mi lado. Pero hoy mis preocupaciones carecían de fundamento y lo recibo con alegría. Sir Ro no tiene cara, o si la tiene, yo no se la he visto, pero le conozco una sonrisa y una voz. Dice buenas tardes, querida, y yo digo buenas tardes Sir Ro. Lo saludo como debo y a continuación me pide le prepare un gintonic y lo espere en el salón como yo ya sé, que va a ponerse cómodo porque tiene ganas de jugar conmigo.


Yo no sé si sé, pero hago como que sí, al fin y al cabo el cuento es mío, lo estoy inventando yo. Me desnudo y me coloco sobre el sofá acodada en el respaldo, ofreciendo las nalgas a los primeros azotes con los que sabe que me gusta empezar las tarde de juegos. A veces no me los concede para que no me acostumbre a tener siempre lo que quiero, dice que es una cosa de mi carácter a corregir, pero hoy está de buen humor y recibo una buena dosis de fusta que me deja los muslos, rojos, y el corazón, contento. A partir de aquí no aventuro guiones, los escribe Él, como es natural. Yo soy una buena chica, y me dejo guiar, conducir, usar, castigar a su gusto, totalmente entregada a su satisfacción. Para terminar, coloca mi cabeza entre sus piernas y yo hago mi trabajo sin prisas, arrodillada a sus pies en estado de éxtasis, mientras él se termina el gintonic y mira un programa de deportes en la televisión. Está anocheciendo, los rojos penetran atenuados por las ventanas tiñendo toda la escena de un color de irrealidad que la hace más hermosa. Luego dice gracias, querida y yo digo gracias a Usted Sir Ro, y también dice quiero verte con esta luz un rato, querida, colócate.


Y aquí yazco boca abajo, desnuda, en el suelo del salón, junto a los pies de mi Amo. El suelo está helado y ligeros escalofríos me recorren intermitentemente la espalda, iluminada en tonos crepusculares. Cierro los ojos y sueño con que este sueño de insomnio deje de ser sueño.

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