viernes, 28 de octubre de 2011

La sumisa cuántica





Un soneto me manda a hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto; […]
Lope de Vega



Aquí estoy, por culpa de mi condición de sumisa, en la caja del gato que ideó Schröedinger para explicar (por llamarlo de alguna manera) la superposición de los estados cuánticos. Como es un sistema aislado, evidentemente me encuentro sola, aburrida y desconcertada, (además de termodinámicamente poco entálpica y bastante entrópica). Desconozco todo aquello que afecta al mundo exterior, aunque sé, porque así se me explicó antes de asumir mi estado cuántico, que la caja está vigilada por el Amo que me ha puesto en esta situación, digamos que es como si me sostuviera, cual partícula, dentro de su mano cerrada.

Puedo estar viva o muerta. Pero debido a la superposición de estados no estoy ni viva ni muerta. O para expresarlo mejor, estoy viva y muerta a la vez. Como Santa Teresa de Avila cuando decía: vivo ya fuera de mí después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí… en su mano.

Si creo a los daneses de Selandia, asistiré a mi propio suicidio cuántico, pero desconfío. Como sumisa, entro en estado de decoherencia y me filtro al entorno, el sistema no es tan aislado como parece, ni el experimento tan azaroso. En realidad es la conciencia del Amo que pone la mano el que decide el estado de la sumisa cuántica. Si la quiere viva, la encontrará viva, y si espera encontrarla muerta, así será. Otros hechos experimentales son posibles, si aprieta la mano con fuerza, por ejemplo, será responsable directo de la desintegración de la partícula, del colapso.

El error de Schröedinger fue haber puesto un gato y no una perra macroscópica, hubiera sido más sencillo. El gato dijo quiero que se defina mi estado y quiero vivir. La perra desea ser sacada de la incertidumbre cuántica, pero no posee la voluntad y capacidad para hacerlo sin la voluntad y la interacción del observador externo, del definidor de las variables de su función de onda. A la sumisa poco le importa su estado en el aislamiento.

Solo hay una certeza: cuando se abre la puerta de los lavabos de hombres del círculo de arte, la sumisa cuántica está viva, y contenta, pero eso era otro experimento.



(Para J.J., que me sujeta en su mano, a su pesar).

7 comentarios:

  1. Otro experimento, doloroso para el gato, fue el de aquel que abrió su mano y, sin abrir los ojos y saber si estaba vivo o muerto, sopló y lo expulso de su mano, lanzándolo despedido en movimiento uniformemente acelerado hacia los confines del universo. El gato cuántico pasó a ser el gato cósmico. :)

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  2. ¡Qué complique!
    jejje

    Me arrimaré a Lope ;)

    Buen finde, cielo.

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  3. Ya ve, Sweet, las tareas de sumisa cada vez más complejas! Y a mi que me gustaba lo de sumi por no tener que pensar tanto!! :)

    He visto que se ha leído el blog de la A a la Z, es un elogio, muchas gracias.

    Respetos a su Amo y buen finde.

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  4. un día definiré más allá de los paralelos (tú sabes, yo sé, ellas no saben, penita pena cascabelera)

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  5. Aunque no tengo dudas, los anónimos deberían identificarse en mi blog, con la firma que quieran, pero identificarse. Creo que es de cajón.
    Besos anónimos.

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  6. Excelente...

    Me ha hecho volver a mi mente esos estados, esas sensaciones y esos estados...

    Es exquisita tu prosa, maría!
    Abrazo húmedo de bruma para ti, y todo mi respeto a tu Señor...

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  7. FE DE ERRATAS: "... esos estados, esas sensaciones y esos sentimientos..."

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