domingo, 30 de octubre de 2011

Noche felina




No soy perra, soy gata y escojo mi destino.
Soy fiel y agradecida, pero no ha de faltar un plato, una caricia, y el fuego de una chimenea cercana. Entonces ronroneo agradecida mientas los niños me atormentan tirándome del pelo y experimentando si es verdad que caemos siempre de pie y tenemos siete vidas, y lamo la mano del amo hasta quedar dormida.

Soy gata y me prostituyo en mi beneficio.
Recorro al anochecer los patios de las casas vecinas y me entrego al mejor postor, al regazo y la mano más caliente.
Te acompaño durante horas acurrucada a tus pies mientras lees, escribes o pintas, pero no permanezco impasible frente a tu crueldad.
Maúllo a las puertas de la luna reflejada en tus ojos, pero fui escaldada y del agua huyo despavorida.
La entrega de la gata es imperfecta, a veces la gata desea ser perra, pero su naturaleza la traiciona.

viernes, 28 de octubre de 2011

La sumisa cuántica





Un soneto me manda a hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto; […]
Lope de Vega



Aquí estoy, por culpa de mi condición de sumisa, en la caja del gato que ideó Schröedinger para explicar (por llamarlo de alguna manera) la superposición de los estados cuánticos. Como es un sistema aislado, evidentemente me encuentro sola, aburrida y desconcertada, (además de termodinámicamente poco entálpica y bastante entrópica). Desconozco todo aquello que afecta al mundo exterior, aunque sé, porque así se me explicó antes de asumir mi estado cuántico, que la caja está vigilada por el Amo que me ha puesto en esta situación, digamos que es como si me sostuviera, cual partícula, dentro de su mano cerrada.

Puedo estar viva o muerta. Pero debido a la superposición de estados no estoy ni viva ni muerta. O para expresarlo mejor, estoy viva y muerta a la vez. Como Santa Teresa de Avila cuando decía: vivo ya fuera de mí después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí… en su mano.

Si creo a los daneses de Selandia, asistiré a mi propio suicidio cuántico, pero desconfío. Como sumisa, entro en estado de decoherencia y me filtro al entorno, el sistema no es tan aislado como parece, ni el experimento tan azaroso. En realidad es la conciencia del Amo que pone la mano el que decide el estado de la sumisa cuántica. Si la quiere viva, la encontrará viva, y si espera encontrarla muerta, así será. Otros hechos experimentales son posibles, si aprieta la mano con fuerza, por ejemplo, será responsable directo de la desintegración de la partícula, del colapso.

El error de Schröedinger fue haber puesto un gato y no una perra macroscópica, hubiera sido más sencillo. El gato dijo quiero que se defina mi estado y quiero vivir. La perra desea ser sacada de la incertidumbre cuántica, pero no posee la voluntad y capacidad para hacerlo sin la voluntad y la interacción del observador externo, del definidor de las variables de su función de onda. A la sumisa poco le importa su estado en el aislamiento.

Solo hay una certeza: cuando se abre la puerta de los lavabos de hombres del círculo de arte, la sumisa cuántica está viva, y contenta, pero eso era otro experimento.



(Para J.J., que me sujeta en su mano, a su pesar).

martes, 25 de octubre de 2011

Texto en off (II), a J.J.





J.J. me espanta y me emociona.
Extiende sutilmente sus hilos de Ariadna de babas extraídas de mis orificios, penetra en mi materia gris, bloquea mis sinapsis y me condena a una convulsión permanente e infinita.

Me pasea por sus playas de arenas blancas formadas por excrementos de peces-loro, y por cavernas basálticas  de núcleos radioactivos en combinaciones imposibles.
 
Me arrodillo contrita.

Transforma mi vertical sonrisa en sapo húmedo y viscoso, ansioso de purgaciones y mortificaciones.
Latido de garbanzo, temblor de piernas en los campos de los arrozales del delta de Mekong.

Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? (1)

J.J. conoce el miedo de mis deseos.
Me augura deshidrataciones invertidas.
Espera ávido detalles de mi penitencia
bebiendo gintonic mientras imagina becarias en bata blanca explorando los gusanos de sus heces.

Me secuestra el don de la palabra.
Me transporta a la fase atávica de la conciencia.
Me regresa, me anula, me descoloca, me infinitesima.
Me humilla, me impudicia.
Me eleva.

Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia? (2)

J.J. no me consuela, me deja en mi infinita soledad torturada por los pensamientos más impuros en las puertas del infierno.

Muero en éxtasis inacabado y terrible, precipitada al lugar donde las almas ya no tienen excusas ni perdón, echando de menos el canto de los arcángeles que acompañan a los muertos en su tránsito.

J.J. no es mi salvación.
Spiritu sanctus, ora pronobis.


(1) ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
(2) ¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya? 
                                    Cicerón, Primera Catilinaria 

domingo, 23 de octubre de 2011

El equilibrio del conocimiento mutuo

Me encuentro en la tesitura de tenerme que poner a buscar Amo, ese Amo atento, inteligente y sobre todo compatible para una relación D/s equilibrada con el que sueño, y tengo por delante un largo y tortuoso camino.


Acudo a las salas de chat especializadas. La primera aproximación es fácil, en 10 minutos se tienen entre 10 a 20 solicitudes de privados, y empiezan los descartes. En mi caso, y por si a alguno le sirve de guía, cierro inmediatamente las ventanas de los nicks sugerentemente espantosos, tipo “Amopollón”, Sádicoimplacable” y similares. Luego, los que inician la conversación de forma soez y maleducada antes de decir ni buenas tardes, del tipo “te gusta que te enculen hasta el fondo, perra?” Podrá gustarme, pero no son maneras, digo. Después toca comenzar las presentaciones: edad, de donde… Ahí caen los que van de prepotentes de primera instancia, y pobrecitos, también los demasiado jóvenes. A menos que la conversación sea especialmente amena e interesante (que se ha dado el caso), también despido con educación a los demasiado lejos, porque conozco los problemas de las relaciones a distancia. Si ha habido suerte, todavía queda alguna ventana abierta, alguien educado, amable, ameno, maduro (y próximo). Se admiten las posibilidades mutuas, se agrega al msn, y se empieza a profundizar en la compatibilidad para ver si puede derivar en una relación D/s estable.


Aquí comienza el problema que llamo de equilibrio del conocimiento mutuo. Normalmente en mi experiencia, al llegar a este punto de la conversación, se han ido asumiendo los respectivos roles como tanteo de la posible relación. La sumisa ha empezado a tratar al Dominante de “usted”, y espera que sea él quien dirija la conversación, como esperará que sea quien asuma la responsabilidad de lo que ocurrirá en las sesiones posteriormente. El Dominante pregunta, la sumisa responde. El Dominante debe hacerse una idea de los gustos y necesidades de su sumisa, para evaluar si es una sumisa conveniente para él o podría llegar a serlo. Interrogatorio completo. Descripción física. Descripción de experiencia… La sumisa explica sus sentimientos sus gustos, sus límites… Pocas veces el Amo explica nada, o explica únicamente actuaciones puntuales para que la sumisa entienda que la podrá complacer. Por ejemplo, si le digo que me gustan los azotes, me dirá que me va a dejar el culo rojo. Yo como sumisa asumo que le gusta dar azotes, pero la visión que se obtiene de las preferencias del Amo suele ser bastante limitada. Tampoco la sumisa pregunta mucho en esta fase, inmersa en su rol, en el convencimiento de que ella desea satisfacer los deseos de su Amo, sean los que sean, ya llegará el caso de enterarse. Y ¿qué ocurre si, por ejemplo, los gustos del Dominante son completamente fuera de límites de la sumisa, o viceversa? Se consensuarán, pero nunca se satisfarán completamente las necesidades mutuas, y la relación será frustrante para uno de los dos.


El Amo solicita relatos, fotos, fantasías, cosas que lo ayuden a entender, mientras que la sumisa tiene que ir adivinando los gustos del Dominante en función de las preguntas, con un nivel de fiabilidad escaso. Probablemente el Amo tenga un archivo lleno de fotos y redacciones de la sumisa, y ésta no le haya visto ni el color de los ojos. El Amo ha preguntado por los sentimientos de la sumisa en las primeras tareas, que ha experimentado, cómo se ha sentido… mientras que la sumisa (siempre hablo de mi experiencia), se ha quedado tan a gusto y pagada de sí misma pensando que ha hecho lo que le han pedido y que eso es suficiente.


He llegado a la conclusión, de que antes de seguir avanzando, es necesario que el conocimiento de uno y de otro esté equilibrado, más vale perder el tiempo en esta etapa que después, cuando se formalice la relación y después de los primeros encuentros se dé cuenta, cualquiera de los dos, de que el otro no era el complemento esperado.


Desde este purgatorio de la razón pura (no digo que la tenga, sino que intento usarla), considero fundamental, que al mismo tiempo que el Amo profundiza en el conocimiento de su sumisa, ésta lo haga en el de Él. Creo que en estas primeras fases deberíamos ser menos falsas sumisas y más curiosas, en lugar de ofrecer una entrega incondicional de primera instancia, que nos deja a nosotras medio-colgadas y a Ellos agobiados.


Comprender las claves de su placer en la dominación, sus gustos en las prácticas, y sobre todo, comprender sus sentimientos, es el camino adecuado para poder encontrar la persona con la que la satisfacción de la relación D/s sea mutua y equilibrada.


En conclusión, he decidido armarme de paciencia.


viernes, 21 de octubre de 2011

Espejismos

Sir Ro. no existe. Es un espejismo.

Es lo que tiene, el desierto. 


Cuando hay sed reverberan extensiones de agua dulce en el horizonte a las cuales es imposible aproximarse. Cuando hay hambre, dátiles jugosos y leche de camella en las jaimas quiméricas de la ilusión de oasis sagrados. La marcha sobre la arena blanca del desierto es extenuante, el horizonte retrocede un paso por cada paso que avanzo, inutilizando cualquier esfuerzo. Añoranza de oasis refractarios creados en las fantasías recónditas de mentes melancólicas y solitarias. 


El desierto es así, es su naturaleza. 


Y la naturaleza del desierto es inmutable. La aceptación del desierto en toda su extensión es condición sine qua non de la salvación posible. Beber el rocío de las estrellas, y comer gusanos microscópicos que habitan bajo la arena aparentemente inerme. Emprender la marcha con los ojos tapiados a espejismos imposibles. 


La supervivencia en el desierto no es una cuestión de voluntad, sino de fe y confianza en su finitud. Transitar al anochecer y no perder de vista la estrella polar. Desterrar las señales engañosas que ofuscan los sentidos. Aceptar la formación de espejismos como cualquier otro fenómeno natural, tormenta, tsunami o simple estrella fugaz. Luego proscribirlos y aniquilarlos. 


Sir Ro. queda, pues, aniquilado y proscrito.




jueves, 20 de octubre de 2011

martes, 18 de octubre de 2011

Silencio cibernético

Hoy,
una semana de escritos sin destino
y destinos de silencio sin consuelo.


Una semana tio-vivo,
arriba,
la emoción de la razón y la esperanza
abajo,
contra todo pronóstico,
la inmaterialidad del silencio,
la angustia del silencio,
la pena del silencio...


Soy soledad reflejada en el espejo hipermásico que se traga la radiación expuesta y sólo devuelve silencio.


Y me quedo exhausta.


Me asomo al abismo de la cordura y bipolarizo,
lloro y río en una mueca tragicómica
y escupo amores y odios en forma de palabras
disfrazadas de buenas intenciones.


Desmaduro, regreso, implosiono,
me enamoro,
me entrego al hombre sin rostro
que perdió la gracia de la palabra
y me aboca a las manos del hacedor de historias
para ser desdibujada, reconstruida,
y colmada.


Me grito hacia adentro, me hiero,
y me inflijo ultimatums improbables
en un intento de amortiguar la estridencia del silencio que me acongoja,
mientras los dispositivos se burlan de mi ingenuidad.



Sueños de mazmorra (1) (Fantasía)




Mi Amo está terminando de colocar unas sujeciones metálicas en la pared de la bodega que estamos acondicionando como mazmorra. A mí no ha dejado ayudarlo, me ha dispuesto en una silla, en medio del espacio abovedado, para que al tiempo que contemplo como trabaja, vaya deleitándome en los usos que le vamos a dar a esas anillas. Como en la mayoría de mis fantasías, estoy desnuda. Las piernas entreabiertas, atadas a las patas de delante, y las manos detrás del respaldo. Hablamos de banalidades, de lo dura que está la pared de hormigón, de una jornada de pesca, trabajo... charlamos y reímos en complicidad y armonía… El roce de las cuerdas, aunque aprietan, es tremendamente excitante, y la inmovilidad forzada consigue que no me distraiga de la escena. Sigo sus movimientos con atención, sus palabras con devoción, y viajo con la mente a inmovilizaciones futuras en nuestro nuevo espacio. Sir Ro. se divierte con la excitación que sabe que está provocando en mí, y de rato en rato, se aproxima a comprobar entre mis piernas su magnitud y consecuencias. Su gran mano cálida siempre cae como por sorpresa, y me hace arquear las caderas como buscando el contacto o intentando evitar su brusquedad, no importa mucho, el efecto es el mismo. El trabajo físico lo ha hecho sudar, y cada vez que se aproxima siento sus feromonas y un deseo animal que me hace desear liberarme de mis ligaduras, rebelarme, tirarme a sus pies, y empezar a comérmelo a bocados…


Mi Amo es un coleccionista de imágenes, y disfruta observando alternativamente su obra y su sometida, su pertenecía. Su sonrisa transmite los juegos perversos que rondan su cabeza ante lo que tiene enfrente. Se deleita, imagino, estudiando las posibilidades. Yo estoy ansiosa por probar los placeres prohibidos que me sugiere el muro de ladrillo y hormigón con sus relucientes anillas, junto a la colección de látigos y fustas que tanto me gustan.


Sir Ro. dice: “tenemos que esperar a que se seque el mortero, querida”.


(Continuará, al menos en mis sueños)

domingo, 16 de octubre de 2011

La abrumadora responsabilidad de la aceptación

Somos muchas las sumisas (y sumisos, aunque en esta entrada me refiera en femenino para simplificar), que nos jactamos de ser buenas sumisas y se nos llena la boca hablando de nuestra "entrega", y del "valor de nuestra entrega", como si estuviéramos ofreciendo un regalo precioso que debe ser siempre aceptado y agradecido por la persona que lo recibe. A veces sentimos incluso frustración cuando pensamos que el "regalo de nuestra entrega" no es siempre valorado como creemos que se merece, pudiendo llegar a pensar que el Amo a quien supuestamente nos entregamos es un desagradecido.

Ahora bien, ¿se nos ha ocurrido ponernos en la piel del otro, del Dominante? ¿Es ciertamente un regalo lo que se ofrece? En realidad, lo que ofrecemos al Dom. es casi siempre una bomba de relojería. Que le estalle en sus manos es, la mayoría de las veces, una cuestión de tiempo. Un buen Amo es consciente de la tremenda responsabilidad de la aceptación de una sumisa, y antes de aceptar esa responsabilidad tiene que saber analizar si podrá ser capaz de gestionarla de forma adecuada, para el bien mutuo.

Como sumisa, deberé valorar el importante regalo que nos hace un Amo con su aceptación, un regalo tanto o más valioso que nuestra cacareada entrega. Le he llegado a decir a Sir Ro. "aquí estoy, "entregada", solo tiene que estirar la mano y tomarme", y me doy cuenta de cuan equivocada estoy. Creemos que ser Amo es la parte fácil, satisfacer sus fantasías de poder frente a una sumisa colaboradora puede parecer sencillo, pero  exigimos de Él que sea nuestro guía, nuestro maestro, que sepa alimentar nuestra autoestima de sumisa, y que cubra nuestras necesidades. ¿Es eso fácil? Es, sencillamente, admirable.

Gracias, Sir Ro., por su serenidad en la toma de decisiones. Por el paréntesis. Y si llega el  momento, por la aceptación de la abrumadora carga que supone una sumisa entregada. Gracias por darme tiempo a hacer estas reflexiones. Gracias por ayudarme a ser mejor. Y gracias por trabajar en la relación que deseo desde la cordura y la calma. Una relación donde la entrega y la aceptación se intercambian de forma precipitada está abocada al fracaso.

(Y gracias también al esclavo juan, que me sirvió de espejo)

viernes, 14 de octubre de 2011

Pena de ausencia


Relato de insomnio (Fantasía)

Yazco boca abajo, desnuda, en el suelo del salón, junto a los pies de mi Amo. El suelo está helado y ligeros escalofríos me recorren intermitentemente la espalda. Cierro los ojos y me hago cargo de la auténtica dimensión del paraíso en la contemplación eterna del divino, el éxtasis místico del alma que describen los creyentes. Pienso en lo hermosa que ha sido mi tarde, y lo tranquila que me siento bajo la protección y dominio de mi Sir.


Sir Ro llegó puntual del trabajo. Lo esperé media hora antes junto a la puerta, como es costumbre, embargada en los sentimientos intensos y contradictorios que me provoca siempre esta espera. Por un lado, la alegría del encuentro inminente, por otro, pinceladas de angustia al pensar que pueda no producirse, que no haya deseado venir a mi lado. Pero hoy mis preocupaciones carecían de fundamento y lo recibo con alegría. Sir Ro no tiene cara, o si la tiene, yo no se la he visto, pero le conozco una sonrisa y una voz. Dice buenas tardes, querida, y yo digo buenas tardes Sir Ro. Lo saludo como debo y a continuación me pide le prepare un gintonic y lo espere en el salón como yo ya sé, que va a ponerse cómodo porque tiene ganas de jugar conmigo.


Yo no sé si sé, pero hago como que sí, al fin y al cabo el cuento es mío, lo estoy inventando yo. Me desnudo y me coloco sobre el sofá acodada en el respaldo, ofreciendo las nalgas a los primeros azotes con los que sabe que me gusta empezar las tarde de juegos. A veces no me los concede para que no me acostumbre a tener siempre lo que quiero, dice que es una cosa de mi carácter a corregir, pero hoy está de buen humor y recibo una buena dosis de fusta que me deja los muslos, rojos, y el corazón, contento. A partir de aquí no aventuro guiones, los escribe Él, como es natural. Yo soy una buena chica, y me dejo guiar, conducir, usar, castigar a su gusto, totalmente entregada a su satisfacción. Para terminar, coloca mi cabeza entre sus piernas y yo hago mi trabajo sin prisas, arrodillada a sus pies en estado de éxtasis, mientras él se termina el gintonic y mira un programa de deportes en la televisión. Está anocheciendo, los rojos penetran atenuados por las ventanas tiñendo toda la escena de un color de irrealidad que la hace más hermosa. Luego dice gracias, querida y yo digo gracias a Usted Sir Ro, y también dice quiero verte con esta luz un rato, querida, colócate.


Y aquí yazco boca abajo, desnuda, en el suelo del salón, junto a los pies de mi Amo. El suelo está helado y ligeros escalofríos me recorren intermitentemente la espalda, iluminada en tonos crepusculares. Cierro los ojos y sueño con que este sueño de insomnio deje de ser sueño.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Texto en off (I)

Me ofrezco, DESNUDA Y VULNERABLE,
como bistec en manos de carnicero sin escrúpulos.
Seré atada como una ternera lista pera el sacrificio,
y violentada sin reglas establecidas.


Seré víctima y verdugo de mi propio destino que abandono en tus manos.
Seré alfombra para tus pies de chivo cornudo.
Felpudo de polvo arrastrado por la oscura mazmorra
de TUS deseos innombrables.


Seré voluntad cosificada expuesta a la realidad voraz
de tus manos impías.


¡Hágase tu voluntad!
Seré color-rojo-prepucio-hinchado de tu cerebro enfermo.
Que el silbido de tu vara-verga amortigüe el ruido de todos mis miedos.
Seré piel hecha jirones.
Seré masa de carne roja informe y supurante.
Habrá sangre y semen comulgando en el cáliz del recuerdo
de la infancia perdida.


Seré la fuente que empapa tus manos infames ávidas de cavernas penetrables.
Seré juguete roto.
Arderé bajo la lava candente de tu vómito de cara de payaso esquizofrénico.
Seré receptáculo de fluidos espesos y malolientes.


Me contraigo hasta convertirme en un punto relativo,
un agujero negro
que atrae sobre sí toda la radiación del universo.
Y NO TENDRÉ SUFICIENTE.


Ascenderé a las alturas infinitas para precipitarme a los infiernos
de un abismo sin retorno.


Te amaré, y me amarás.
Seré grito contenido.
Seré lágrimas reventando en las cuencas abiertas del terror.
Seré derramarme en aullido capaz de atravesar el tímpano del tiempo.
Seré huérfana sin consuelo.
Seré el altar y el cordero.
Seré desangrarme y muerte lenta.
En un instante creeré haber purgado todos mis pecados de niña INOCENTE.
Y NO TENDRÉ SUFICIENTE.



Para Gabriel

Switched off

Como EL Amo no es MI Amo, derivo en círculos viciosos que me alejan del punto del destino deseado. La bestia me ronda y escribo actos de rebeldía.



Seré UNA soledad, INDOMABLE,
expulsada del jardín de Edén.
Tú conservarás tu paraíso con la felicidad
del simple temeroso de dios,
mientras YO descenderé hasta el infierno de dante
a representar todas las tragedias y comedias
que todavía no se han escrito,
y renaceré a la mágica conciencia
de saber que no somos inmortales.


Variación de "Pequeño poema sumiso" (Fragmento)

martes, 11 de octubre de 2011

Salutación de sumisa a Amo donde me hago fuente

Mujer en ventana, con varas
esperando a su AMO

Me arrodillo a sus pies para saludarlo y para suplicar la ofrenda de su sexo en mis labios húmedos. Mi lengua busca con deleite la caricia de contacto. Permanezco arrodillada, derecha, desnuda, las manos a la espalda, mientras su glande se introduce suavemente en mi boca entreabierta. La sangre se agolpa con violencia y el miembro se tensa. La erección se adentra buscando las profundidades de mi garganta indefensa. Succiono, froto, chupo, acaricio, mamo, mamo, mamo, y me hago fuente.

Manillas del reloj de las horas contadas de insomnios de manos


Me dormí pensando es Sus manos,
y desperté pensando en manos,
y poemas de manos.
Manos grandes, cálidas,
expertas, exploradoras,
impúdicas.
Manos fuertes, de pescador.
Azotes de manos.
Manos guía. Manos brújula.
Manillas del reloj de las horas contadas
de insomnios de manos.
Manos tiernas, consoladoras de azotes de manos,
y de la lágrima que me corre por la mejilla.

Yo ERA únicamente en SUS manos.


Supe...

Supe que era sumisa a los 12 años, cuando todavía tenía cuerpo de niña y no me había salido ni vello púbico. En realidad no lo supe hasta muchos años más tarde, pero ahora soy capaz de distinguir exactamente el momento en que sentí la revelación de mi condición de sumisa.


El colegio era de monjas. Era el primer año que estaba en el pabellón de las mayores, un ala en una casona antigua, de techos altísimos y olor a humedad. Vestíamos uniforme de tablas grises con peto y camisa de botones, de manga larga, a la antigua, un infierno en el clima subtropical de la isla. Un colegio donde los hombres tenían vetada la entrada, estando restringido el personal a unas pocas “madres” y “hermanas” con estudios y cara de vinagre, probablemente porque su estancia en la universidad no las pudo salvar de su destino monjil, y alguna profesora a punto de jubilarse, solteras y viudas con necesidades de subsistencia que malgastaban su vida tratando de enseñar humanidades o literatura al puñado de niñas de papá que entonces éramos. Las maestras más jóvenes se destinaban a las niñas más pequeñas, en el edificio nuevo, y apenas teníamos contacto con ellas.


La excepción a este mundo femenino y rancio se hacía llamar Monsieur Deschamps (léase “Mesié”, como le decíamos coloquialmente), y era francés. Debía tener alrededor de 40 años, pero desde nuestra niñez nos parecía, además de guapo, viejísimo. Lo recuerdo como un señor elegante, enjuto, de nariz aguileña y rasgos proporcionados, vistiendo siempre de forma elegante, traje y corbata, pulcro, nada que ver con las ropas modestas y raídas de sus colegas femeninas. Naturalmente daba las clases de lengua francesa. La cuchara: la cuillé, la casa: la maisón…


Tener un profesor hombre era toda una novedad, y más lo fue descubrir que no había renunciado a ciertas prácticas que ya se consideraban erradicadas de nuestro sistema educativo (situémonos a finales de los años 70s). Por ejemplo exigía el tratamiento de “mesié” y “usted”, y el que lo recibiéramos en clase de pié, en respetuoso silencio, sin insolencias ni estridencias. Tampoco había abandonado los castigos físicos, más bien se complacía y prodigaba en ellos. Al principio poniendo a alguna compañera de pié al fondo de la clase, pero a las dos o tres semanas del inicio de curso nos sorprendió colocando a una alumna, más díscola, de rodillas cara a la pared, las manos atrás, la cabeza baja y con una moneda entre la frente y el muro, con la instrucción expresa de que la moneda no debía caerse. Así estuvo mi compañera durante las dos horas que duró la clase y la tutoría, llorando en silencio. Pero comprendí inmediatamente que yo quería ser esa pobre chica, que debía ser yo la arrodillada a petición de Monsieur Duchamps, que yo tenía que ser la elegida. También supe que yo no lloraría. Recuerdo perfectamente la calidez y humedad que sentí en la entrepierna aunque no la supe interpretar entonces, creo que es el recuerdo temprano más nítido que tengo de la excitación, del deseo sin significado en mi cuerpo infantil.


Desde aquel momento, aún siendo de costumbre una alumna aplicada y obediente, me dediqué fervientemente a merecer la atención de Monsieur Duchams y, por extensión, su castigo. Adivino que para volver a sentir lo que sentí en aquella primera ocasión. No sé si “Mesié” se percató de mis intenciones, pero no pasaron muchos días hasta que fui a mi turno suavemente arrodillada con mi uniforme escolar, puestas las manos a la espalda, obligada a agachar la cabeza para sujetar la moneda cara a la pared. Y comencé a sentir la tibieza de un líquido que me empapaba las braguitas y bajaba por mis muslos, tan abundante que en mi ingenuidad pensé que se me había escapado el pipí.


Ahora supongo (aunque nunca se me hubiera pasado por la cabeza entonces, ni sabía lo que era) que el cabrón del “Mesié” se masturbaba por la noche pensando en las colegialas de uniforme que ponía de rodillas, imaginando “la suite”. Ahora tiene unos 70 años, y vive a dos calles de la mía. No me importaría abordarlo un día y darle las gracias, aunque ninguno de los dos sepa bien por qué.

Pequeño poema sumiso

Anhelo perderme en la voz y las manos esquivas de caricias inexistentes, y ser transportada en sueños reales a paraísos dantescos donde conoceré el dolor, la humillación y el gozo de ser vaciada de espíritu y voluntad, para así poder renacer a la conciencia mágica de saberme viva.

Deseo que seas mi instrumento y en mi éxtasis encuentres el tuyo, la plenitud de haber comido del árbol del bien y del mal y saberte mi dios todopoderoso y cruel, mi AMO.

Seremos dos soledades desconocidas en los jardines del bosco representando todas las comedias y tragedias que la humanidad ha concebido.

Seremos uno en un instante.


Sept 2011

Mujer-Lámpara



A petición de Sir Ro

Inicio este blog a petición de Sir RO. No soy SU sumisa. Creí serlo un día y aspiro a serlo cuando ÉL así lo decida. Cuando definitivamente doblegue mi orgullo de sumisa caprichosa y rebelde y ÉL acepte la sinceridad de mi sosiego.


Este blog representa mi purgatorio, el lugar donde van los que han sido puestos entre paréntesis para corregir sus faltas. El Purgatorio como aplazamiento del cielo, la purificación de los elegidos, la dilación de la gloria. Pero las penas del Purgatorio no son eternas. Sir RO. me dijo que sólo dos caminos son posibles. Yo escojo el correcto.