lunes, 26 de diciembre de 2011

Esclava de ERRE



Han pasado casi dos meses y el barco navega por mares desconocidos de aguas tranquilas. En éste corto tiempo la sumisa vagabunda ha estado viviendo su transformación en esclava de ERRE, con sus más y sus menos, con mucho que aprender y mucho qué ser domado y adiestrado todavía, pero con voluntad y ánimo de servir a su Dueño como corresponde.

La historia de cada uno no queda borrada por la desaparición de un blog. Detrás de los nicks hay personas y detrás de las personas sus historias de vida. Algunas nos gustan más, otras preferiríamos que no hubieran sucedido, pero han sido. Por eso, con el permiso de Erre, esta esclava ha obtenido el privilegio de seguir escribiendo su historia en este espacio, una nueva historia de una vieja sumisa, ahora esclava de su Dueño a quien adora y respeta profundamente.

Gracias, ERRE, por haberme adoptado y aceptado como Tú esclava y amiga.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Y las puertas se abrieron...

Por mucho tiempo, así como tu guardarás dentro de ti
la felicidad de estar atada, así yo guardaré dentro de mi 
la felicidad de haberte atado.

Pier Paolo Pasolini, en “Orgía” 

Cada salida es la entrada a algún sitio

Tom Stoppard



Las penas del Purgatorio no son eternas, y ya atisbo las puertas del paraíso abiertas para acogerme. He cedido mi libertad para encontrar la libertad bestial de mi ser feliz.

Escribir este pequeño blog me ha ayudado a expresarme y conocerme mejor. Ha sido menos de un mes pero de mucha intensidad. Incertidumbres, penas, ilusiones, a veces dolor, fantasías, emociones, sentimientos… Ahora debo cerrar, porque ya no tiene sentido continuar con una tarea que me fue encomendada por quien no pudo aceptar la carga, y porque la sumisa vagabunda ha dejado de serlo.

Dejo el blog inconcluso, fantasías e historias a medias que tendrán que ser cerradas en el imaginario de cada uno, y una gran historia que está aún por escribirse, la historia de un viaje en compañía. No dejo algunos amigos que he encontrado por el camino, en particular quiero nombrar a RO, Gabriel, JJ, juan, javier…, que se han convertido en confidentes y de alguna manera compañeros de aventuras. También quiero agradecer las visitas y las palabras de ánimo de tod@s aquell@s que han seguido mi espacio.

Espero comenzar, junto con mi Amo ERRE, un nuevo blog para compartir las experiencias y reflexiones de nuestra travesía. No seré más maria_maria la sumisa vagabunda, pero seguiré siendo.



(Cuando esté disponible facilitaré link) 

Gracias a tod@s.








Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca 
debes rogar que el viaje sea largo, 
lleno de peripecias, lleno de experiencias… 
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, 
ni la cólera del airado Posidón. 
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta 
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita 
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo. 
Los lestrigones y los cíclopes 
y el feroz Posidón no podrán encontrarte 
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, 
si tu alma no los conjura ante ti. 

Debes rogar que el viaje sea largo, 
que sean muchos los días de verano; 
que te vean arribar con gozo, alegremente, 
a puertos que tú antes ignorabas. 
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia, 
y comprar unas bellas mercancías: 
madreperlas, coral, ébano, y ámbar, 
y perfumes placenteros de mil clases. 
Acude a muchas ciudades del Egipto 
para aprender, y aprender de quienes saben. 

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: 
llegar allí, he aquí tu destino. 
Mas no hagas con prisas tu camino; 
mejor será que dure muchos años, 
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, 
rico de cuanto habrás ganado en el camino. 

No has de esperar que Ítaca te enriquezca: 
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. 
Sin ellas, jamás habrías partido; 
mas no tiene otra cosa que ofrecerte. 

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, 
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas. 



Konstantino Kavafis 

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sor Suplicio. Parte II

Ilustración: Milo Manara


El Padre Maximino se había iniciado en el sacerdocio como sacerdote diocesano, pero posteriormente, una vez corrompida su vocación e interesado por los métodos de control psicológico de “la obra”, se incorporó a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz del Opus Dei, y fue asignado a la formación espiritual de las novicias del convento del Cristo de la Misericordia, entre otros.

Cuando conoció a Purita, quedó inmediatamente prendado de su juventud y belleza, sus delicadas formas, y principalmente, de su candor y piedad, y se entregó con deleite a la dirección espiritual de la niña, por cierto muy dispuesta al aprendizaje de su devoción con la que obtenía tantos placeres asociados. Cuando la niña cumplió 14 años, fue adiestrada convenientemente en la mortificación corporal, obligada a portar cilicio durante dos horas al día, y a dormir sobre una tabla sin almohadas ni colchones durante cinco de cada siete noches.

Semanalmente, el Padre Maximino, durante las visitas al convento, preguntaba a Purita sobre los resultados y sus sentimientos más íntimos durante sus penitencias. Purita, habituada a la autocomplacencia durante sus mortificaciones, explicaba arrebolada cómo alcanzaba el éxtasis en su entrega a su Señor Cristo de la Misericordia y cómo alcanzaba la gloria, con tal inocencia, que era imposible no conmoverse ante las explicaciones de la niña. Afortunadamente, la sotana que vestía el Pater en sus visitas al convento ocultaba convenientemente la dureza de sus erecciones a la vista de la pequeña novicia entregada a sus confesiones más íntimas con tanta unción.

Con el tiempo, el Padre Maximino dejó de conformarse con los relatos candorosos de su pupila, y adoptó la costumbre de revisar el cilicio de la niña y el daño producido en su tierna carne. Acercaba sus labios a las heridas y las besaba con suavidad, hablándole de la felicidad que producía en Cristo su entrega. Pronto introdujo, como refuerzo, sesiones de flagelación con las disciplinas en las blancas nalgas de la novicia, que ésta exhibía arremangándose los hábitos con azorado pudor a la vista y alcance de su director espiritual. Durante estas penitencias, Purita se entregaba a sus oraciones y jaculatorias bajo la estricta dirección de su Maestro, que aplicaba correcciones adicionales si se equivocaba durante los rezos, o si emitía alguna queja sobre la duración y la fuerza de la disciplina. Las nalgas pronto quedaban calientes y enrojecidas, produciendo convulsiones de placer en la postulanta que asociaba al éxtasis místico, viéndose a sí misma como una Santa Teresa entregada al gran amor de dios, tal como describía la Santa en las obras que le proporcionaba el Pater para su formación.

Durante las cenas en el refectorio o durante los paseos por el claustro con las demás Hermanas, Purita describía (sin dar detalles de los métodos empleados) sus éxtasis y sus visiones divinas, por lo que pronto, entre las Hermanas menos envidiosas, se empezó a considerar a la niña como tocada por la gracia divina y llamada a la beatitud y la santidad.

Así, entregada a estas rutinas, transcurrió el tiempo necesario para alcanzar su mayoría de edad y poder, finalmente, realizar los votos conventuales que la convertirían en Sor Suplicio y la consagraría definitivamente en el servicio a su Señor para el resto de sus días. Y todo esto, bajo la benevolencia y atenta mirada de su director espiritual, Padre Maximino, que continuaría siendo su mentor.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sor Suplicio. Parte I

Ilustración: Milo Manara


                              “El sufrir es una gracia grande;
                              a través del sufrimiento el alma
                              se hace como la del Salvador;
                              en el sufrimiento el amor se
                              cristaliza, mientras más grande el
                              sufrimiento, más puro el amor” 

                              Santa Faustina Kowalska



Se llamaba María Purificación Álvarez Hernández, Purita para la familia y amigos, pero cuando ingreso en la orden adoptó el sobrenombre de “Sor Suplicio". No se la conoció como “Sor Suplico de la Cruz” hasta su posterior beatificación muchos años más tarde.

La infancia de Purita no fue fácil. A la edad de cinco años su padre, un empresario naviero arruinado tras una operación fallida, se quitó la vida colgándose de una viga en el dormitorio de su casa. Su madre, enloquecida y sin posibles, adoptó un luto riguroso y se entregó a la religión y a la caridad (a recibirla), al ser abandonada por los miembros de su familia política, que la hicieron responsable del oprobio. Debido a la imposibilidad de su madre de hacerse cargo, y temiendo que la locura fuera un trastorno genético, se confió la educación de la niña a las monjas del Cristo de la Misericordia, en cuyo convento fue ingresada en calidad de educanda y sirvienta.

Lejos de maldecir su destino, Purita descubrió en la servidumbre de la religión una fuente de gozos insospechados y desconocidos hasta entonces. Sus funciones se limitaban a la ayuda en el huerto y la cocina, la asistencia a los oficios, pero especialmente al estudio y oración bajo la supervisión del sacerdote oficiante, el Padre Maximino, que viendo su potencial la acogió como pupila preferente dispensándola de mayores servidumbres.

Bajo la guía del Padre Maximino, Purita se entregó con fruición, en la soledad de su celda, a las lecturas de la biblia y de la vida de los santos y mártires de la iglesia y sus padecimientos: Santa Agatha de Sicilia, que fue torturada cortándole los senos, Santa Agnés de Roma, que fue desnudada en público, arrastrada por las calles y llevada a un prostíbulo para ser desflorada antes de su ejecución (ya que el derecho romano no permitía la ejecución de las vírgenes), y sobre todo, admiraba al hermoso San Sebastián, que fue desnudado, atado a un poste, aseteado, y finalmente, una vez sanado de sus heridas, azotado hasta la muerte.


" San Sebastián", Gerrit van Honthorst (1623)


Purita, aún una niña por entonces, se trasformaba ante estas lecturas, se le aceleraba el ritmo cardíaco, alteraba la respiración, y notaba una humedad y un cosquilleo en su sexo que aún no explicaba, pero veía que manipulándolo podía alcanzar un estado que ella asoció al de “Gracia Espiritual”, a tenor de las explicaciones de las demás Hermanas sobre la felicidad y el placer de la consagración a dios. 

Así fue como desde tan temprana edad, Purita decidió entregar su vida a la religión y a la complacencia del Señor de la Misericordia, patrón del convento, alimentando sus fantasías de convertirse en una mártir moderna y aceptar todos los suplicios que le estuvieran destinados por amor a su Dueño y Señor. Se imaginaba a sí misma aceptando estoicamente la humillación pública y los castigos más terribles y excitantes que podía imaginar, siendo atada y azotada hasta alcanzar el éxtasis de la entrega absoluta, que suponía muy superior a todos los placeres que era capaz de alcanzar ahora con sus dedos y su imaginación.

Cuando finalmente al cumplir los 18 tomó los hábitos que confirmaban su sumisión, no por azar adoptó el sobrenombre de Sor Suplicio, muy celebrado particularmente por el Padre Maximino, que conocía sus inclinaciones y su disposición.

(Continuará)


domingo, 30 de octubre de 2011

Noche felina




No soy perra, soy gata y escojo mi destino.
Soy fiel y agradecida, pero no ha de faltar un plato, una caricia, y el fuego de una chimenea cercana. Entonces ronroneo agradecida mientas los niños me atormentan tirándome del pelo y experimentando si es verdad que caemos siempre de pie y tenemos siete vidas, y lamo la mano del amo hasta quedar dormida.

Soy gata y me prostituyo en mi beneficio.
Recorro al anochecer los patios de las casas vecinas y me entrego al mejor postor, al regazo y la mano más caliente.
Te acompaño durante horas acurrucada a tus pies mientras lees, escribes o pintas, pero no permanezco impasible frente a tu crueldad.
Maúllo a las puertas de la luna reflejada en tus ojos, pero fui escaldada y del agua huyo despavorida.
La entrega de la gata es imperfecta, a veces la gata desea ser perra, pero su naturaleza la traiciona.

viernes, 28 de octubre de 2011

La sumisa cuántica





Un soneto me manda a hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto; […]
Lope de Vega



Aquí estoy, por culpa de mi condición de sumisa, en la caja del gato que ideó Schröedinger para explicar (por llamarlo de alguna manera) la superposición de los estados cuánticos. Como es un sistema aislado, evidentemente me encuentro sola, aburrida y desconcertada, (además de termodinámicamente poco entálpica y bastante entrópica). Desconozco todo aquello que afecta al mundo exterior, aunque sé, porque así se me explicó antes de asumir mi estado cuántico, que la caja está vigilada por el Amo que me ha puesto en esta situación, digamos que es como si me sostuviera, cual partícula, dentro de su mano cerrada.

Puedo estar viva o muerta. Pero debido a la superposición de estados no estoy ni viva ni muerta. O para expresarlo mejor, estoy viva y muerta a la vez. Como Santa Teresa de Avila cuando decía: vivo ya fuera de mí después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí… en su mano.

Si creo a los daneses de Selandia, asistiré a mi propio suicidio cuántico, pero desconfío. Como sumisa, entro en estado de decoherencia y me filtro al entorno, el sistema no es tan aislado como parece, ni el experimento tan azaroso. En realidad es la conciencia del Amo que pone la mano el que decide el estado de la sumisa cuántica. Si la quiere viva, la encontrará viva, y si espera encontrarla muerta, así será. Otros hechos experimentales son posibles, si aprieta la mano con fuerza, por ejemplo, será responsable directo de la desintegración de la partícula, del colapso.

El error de Schröedinger fue haber puesto un gato y no una perra macroscópica, hubiera sido más sencillo. El gato dijo quiero que se defina mi estado y quiero vivir. La perra desea ser sacada de la incertidumbre cuántica, pero no posee la voluntad y capacidad para hacerlo sin la voluntad y la interacción del observador externo, del definidor de las variables de su función de onda. A la sumisa poco le importa su estado en el aislamiento.

Solo hay una certeza: cuando se abre la puerta de los lavabos de hombres del círculo de arte, la sumisa cuántica está viva, y contenta, pero eso era otro experimento.



(Para J.J., que me sujeta en su mano, a su pesar).

martes, 25 de octubre de 2011

Texto en off (II), a J.J.





J.J. me espanta y me emociona.
Extiende sutilmente sus hilos de Ariadna de babas extraídas de mis orificios, penetra en mi materia gris, bloquea mis sinapsis y me condena a una convulsión permanente e infinita.

Me pasea por sus playas de arenas blancas formadas por excrementos de peces-loro, y por cavernas basálticas  de núcleos radioactivos en combinaciones imposibles.
 
Me arrodillo contrita.

Transforma mi vertical sonrisa en sapo húmedo y viscoso, ansioso de purgaciones y mortificaciones.
Latido de garbanzo, temblor de piernas en los campos de los arrozales del delta de Mekong.

Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? (1)

J.J. conoce el miedo de mis deseos.
Me augura deshidrataciones invertidas.
Espera ávido detalles de mi penitencia
bebiendo gintonic mientras imagina becarias en bata blanca explorando los gusanos de sus heces.

Me secuestra el don de la palabra.
Me transporta a la fase atávica de la conciencia.
Me regresa, me anula, me descoloca, me infinitesima.
Me humilla, me impudicia.
Me eleva.

Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia? (2)

J.J. no me consuela, me deja en mi infinita soledad torturada por los pensamientos más impuros en las puertas del infierno.

Muero en éxtasis inacabado y terrible, precipitada al lugar donde las almas ya no tienen excusas ni perdón, echando de menos el canto de los arcángeles que acompañan a los muertos en su tránsito.

J.J. no es mi salvación.
Spiritu sanctus, ora pronobis.


(1) ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
(2) ¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya? 
                                    Cicerón, Primera Catilinaria 

domingo, 23 de octubre de 2011

El equilibrio del conocimiento mutuo

Me encuentro en la tesitura de tenerme que poner a buscar Amo, ese Amo atento, inteligente y sobre todo compatible para una relación D/s equilibrada con el que sueño, y tengo por delante un largo y tortuoso camino.


Acudo a las salas de chat especializadas. La primera aproximación es fácil, en 10 minutos se tienen entre 10 a 20 solicitudes de privados, y empiezan los descartes. En mi caso, y por si a alguno le sirve de guía, cierro inmediatamente las ventanas de los nicks sugerentemente espantosos, tipo “Amopollón”, Sádicoimplacable” y similares. Luego, los que inician la conversación de forma soez y maleducada antes de decir ni buenas tardes, del tipo “te gusta que te enculen hasta el fondo, perra?” Podrá gustarme, pero no son maneras, digo. Después toca comenzar las presentaciones: edad, de donde… Ahí caen los que van de prepotentes de primera instancia, y pobrecitos, también los demasiado jóvenes. A menos que la conversación sea especialmente amena e interesante (que se ha dado el caso), también despido con educación a los demasiado lejos, porque conozco los problemas de las relaciones a distancia. Si ha habido suerte, todavía queda alguna ventana abierta, alguien educado, amable, ameno, maduro (y próximo). Se admiten las posibilidades mutuas, se agrega al msn, y se empieza a profundizar en la compatibilidad para ver si puede derivar en una relación D/s estable.


Aquí comienza el problema que llamo de equilibrio del conocimiento mutuo. Normalmente en mi experiencia, al llegar a este punto de la conversación, se han ido asumiendo los respectivos roles como tanteo de la posible relación. La sumisa ha empezado a tratar al Dominante de “usted”, y espera que sea él quien dirija la conversación, como esperará que sea quien asuma la responsabilidad de lo que ocurrirá en las sesiones posteriormente. El Dominante pregunta, la sumisa responde. El Dominante debe hacerse una idea de los gustos y necesidades de su sumisa, para evaluar si es una sumisa conveniente para él o podría llegar a serlo. Interrogatorio completo. Descripción física. Descripción de experiencia… La sumisa explica sus sentimientos sus gustos, sus límites… Pocas veces el Amo explica nada, o explica únicamente actuaciones puntuales para que la sumisa entienda que la podrá complacer. Por ejemplo, si le digo que me gustan los azotes, me dirá que me va a dejar el culo rojo. Yo como sumisa asumo que le gusta dar azotes, pero la visión que se obtiene de las preferencias del Amo suele ser bastante limitada. Tampoco la sumisa pregunta mucho en esta fase, inmersa en su rol, en el convencimiento de que ella desea satisfacer los deseos de su Amo, sean los que sean, ya llegará el caso de enterarse. Y ¿qué ocurre si, por ejemplo, los gustos del Dominante son completamente fuera de límites de la sumisa, o viceversa? Se consensuarán, pero nunca se satisfarán completamente las necesidades mutuas, y la relación será frustrante para uno de los dos.


El Amo solicita relatos, fotos, fantasías, cosas que lo ayuden a entender, mientras que la sumisa tiene que ir adivinando los gustos del Dominante en función de las preguntas, con un nivel de fiabilidad escaso. Probablemente el Amo tenga un archivo lleno de fotos y redacciones de la sumisa, y ésta no le haya visto ni el color de los ojos. El Amo ha preguntado por los sentimientos de la sumisa en las primeras tareas, que ha experimentado, cómo se ha sentido… mientras que la sumisa (siempre hablo de mi experiencia), se ha quedado tan a gusto y pagada de sí misma pensando que ha hecho lo que le han pedido y que eso es suficiente.


He llegado a la conclusión, de que antes de seguir avanzando, es necesario que el conocimiento de uno y de otro esté equilibrado, más vale perder el tiempo en esta etapa que después, cuando se formalice la relación y después de los primeros encuentros se dé cuenta, cualquiera de los dos, de que el otro no era el complemento esperado.


Desde este purgatorio de la razón pura (no digo que la tenga, sino que intento usarla), considero fundamental, que al mismo tiempo que el Amo profundiza en el conocimiento de su sumisa, ésta lo haga en el de Él. Creo que en estas primeras fases deberíamos ser menos falsas sumisas y más curiosas, en lugar de ofrecer una entrega incondicional de primera instancia, que nos deja a nosotras medio-colgadas y a Ellos agobiados.


Comprender las claves de su placer en la dominación, sus gustos en las prácticas, y sobre todo, comprender sus sentimientos, es el camino adecuado para poder encontrar la persona con la que la satisfacción de la relación D/s sea mutua y equilibrada.


En conclusión, he decidido armarme de paciencia.


viernes, 21 de octubre de 2011

Espejismos

Sir Ro. no existe. Es un espejismo.

Es lo que tiene, el desierto. 


Cuando hay sed reverberan extensiones de agua dulce en el horizonte a las cuales es imposible aproximarse. Cuando hay hambre, dátiles jugosos y leche de camella en las jaimas quiméricas de la ilusión de oasis sagrados. La marcha sobre la arena blanca del desierto es extenuante, el horizonte retrocede un paso por cada paso que avanzo, inutilizando cualquier esfuerzo. Añoranza de oasis refractarios creados en las fantasías recónditas de mentes melancólicas y solitarias. 


El desierto es así, es su naturaleza. 


Y la naturaleza del desierto es inmutable. La aceptación del desierto en toda su extensión es condición sine qua non de la salvación posible. Beber el rocío de las estrellas, y comer gusanos microscópicos que habitan bajo la arena aparentemente inerme. Emprender la marcha con los ojos tapiados a espejismos imposibles. 


La supervivencia en el desierto no es una cuestión de voluntad, sino de fe y confianza en su finitud. Transitar al anochecer y no perder de vista la estrella polar. Desterrar las señales engañosas que ofuscan los sentidos. Aceptar la formación de espejismos como cualquier otro fenómeno natural, tormenta, tsunami o simple estrella fugaz. Luego proscribirlos y aniquilarlos. 


Sir Ro. queda, pues, aniquilado y proscrito.




jueves, 20 de octubre de 2011